Catálogo de la muestra



“Toda obra de arte es hija de su tiempo”, y al axioma de Kandinsky no escapa la obra de Roberto Padilla.

Este artista piensa su arte, pensando, y lo ejecuta en su cabeza. El material es el concepto. Son pinturas no pictóricas, simulacros de cuadro-geométrico-abstracto, con el acento puesto en la palabra y en otros lenguajes. Son signos sobre signos. Más no una inútil repetición viciosa, sino que juega con la imagen que está detrás, por debajo.

Padilla se mofa de los discursos vacíos, se sirve de ellos y emprende una nueva retórica, a través de otras tramas muy lejos del contexto original. Usa y abusa de iconos y signos, como un retorno al Pop. Cuestiona el concepto de autoría y el grado de originalidad de las obras usando objetos que yuxtapone y rearma, transfigurando el mensaje en una crítica social. Desacraliza, así, la obra de arte, pero sin impertinencia.

En cuanto al factor espacio-tiempo, Padilla establece una comunicación en eterno presente, en un no-lugar y se arriesga aún al espacio virtual. Con la mirada en la identidad, en el orden establecido, se ubica en un punto medio entre lo ambiguo y lo complejo.

Como paradigma de la obra de R. Padilla, “Pibe Chorro”, es un “chorro” más entre los chorros de agua de una fuente. Un pibe que “chorrea” para conseguir la “merca” que aspira entre los chorros. Es una toma directa, una fotografía de la serie “¡Al Gran Pueblo Argentino, SALUD!”
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M. Silvia Sayús

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